Patricio Bonhomme, el gran goleador de la Primera B

Aunque no sea tan conocido como Alexis Sánchez, delantero del Inter de Milán y ganador de dos Copas América, o Esteban Paredes, ariete de Colo-Colo y máximo artillero de la Primera A, Patricio Bonhomme dejó un legado en el fútbol profesional chileno.

Bonhomme hizo del gol su carta de presentación y por eso se erigió como el máximo artillero de la historia de la Primera División B. Totalizó 154 anotaciones en la categoría de plata, una marca que, por la dinámica del balompié rentado actual, parece difícil de superar.

El atacante, que se mantuvo activo desde 1972 hasta 1991, tiene hoy día 66 años y vive en Hualpén, una comuna donde recuerda sus hazañas en las canchas, donde se convirtió en referente de los realizadores de la antesala a la versión de oro.

Palabras

En un diálogo con Emol, Bonhomme reveló que, aunque no era un jugador de gran movilidad, aprovechó su talento para anidar dianas, pues tenía una puntería afinada y no desaprovechaba las oportunidades que se le presentaban en cada uno de los partidos.

“Mis características eran la fuerza, no achicarme nunca ante los centrales, que generalmente eran más grandes”, explicó el antiguo número 9. “Siempre tenía que estar atento, no salirme del área, siempre cerca del arco para agarrar una pelota. Era parecido al Aleberto ‘Beto’ Acosta (exariete argentino). Aguantaba la pelota como él y generaba jugadas”.

Para el antiguo atleta, oriundo de Curicó y que era conocido como El Pato en sus años mozos, el emplear cada una de las extremidades resultó fundamental para estremecer las piolas.

“Me preocupé de entrenar los cabezazos. Me quedaba después de los entrenamientos para que alguien me tirara centros. Gracias a Dios, fui perfeccionando eso. Creo que hice más goles de cabeza que con los pies”.

Equipos

Bonhomme trabajó para Curicó Unido, Colchagua, Deportes Linares, Ñublense, Huachipato, Fernández Vial, Lota Schwager y Lozapenco.

En Segunda División obtuvo tres títulos: el Torneo Apertura 1979 con Huachipato, un campeonato absoluto con Fernández Vial en 1982 y otro en 1983 con Lota Schwager.

Siempre se consideró un trabajador incansable y cree que todo lo que consiguió durante su carrera fue producto del esfuerzo, además de su capacidad para mover las piolas.

Eso sí, aclaró que en varias ocasiones sus habilidades fueron menospreciadas por algunos estrategas.

“Yo hacía goles en la juvenil, pero no eran suficientes para integrar el primer equipo, así que partí a la UC (Universidad Católica). Allá mis características de juego no eran tan parecidas a las del club. Yo era un futbolista más de fuerza que de habilidad y terminé con problemas con el entrenador del primer equipo, José Pérez, un argentino, por ir a una pelota muy fuerte contra un deportista”, comentó.

“Después me retiré. Estuve tres, cuatro meses sin jugar y me devolví al campo hasta que me fueron a buscar de Colchagua para que participara en el ascenso”, recordó un hombre que tuvo un paso fugaz por La Roja.

Por: Joseph Ñambre | Twitter e Instagram: @JosephSports27

Foto: Emol

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