Hace dos décadas, “El Chino” Ríos tocó el cielo

En 29 de marzo de 1998 el chileno Marcelo “El Chino” Ríos se presentó en Cayo Vizcaíno con un objetivo en mente: vencer al estadounidense André Agassi en el Torneo Lipton (actual Másters 1.000 de Miami). ¿La razón? Ganar le permitiría trepar a la cima del ránking mundial de la Asociación de Tenistas Profesionales (ATP).

Logró su objetivo al vencerlo con parciales de 7-5, 6-3 y 6-4 para acreditarse la corona de esa competición y escalar, a sus 23 años, al cénit de la clasificación universal. Hizo historia al convertirse en el primer latinoamericano en conseguirlo y, hasta ahora, el único chileno.

Después de derrotar a Agassi, quien conquistó ocho títulos de Grand Slam a lo largo de su carrera y llegó a ser número uno del mundo por 101 semanas, el público de Miami (Estados Unidos) lo ovacionó y él, visiblemente emocionado, corrió a la banca tomó una bandera de su país y la ondeó. Había tocado el cielo y nada iba a acabar con la alegría de ese mágico momento.

“Es algo, en verdad, realmente bueno, realmente grande”, dijo en su momento Ríos al ser abordado por los periodistas, reseña una nota de t13.cl, en la que se señala que al marcarr el último punto lanzó su raqueta a las tribunas, un gesto inequívoco del júbilo que lo invadió en aquel instante.

“El Zurdo de Vitacura”, que previamente había salido airoso en el Abierto de Indian Wells –algo que sólo habían concretado los norteamericanos Jim Courier (1991), Michael Chang (1992) y Pete Sampras (1994), le puso un colofón dorado a un certamen en el que dejó en el camino a atletas europeos antes de toparse con Agassi, el llamado “Pirata del Tenis”.

En primera ronda superó al alemán Hendrik Dreekmann y en la segunda a otro germano, Tommy Haas. En la tercera batió al croata Goran Ivanisevic. En cuartos de final terminó con la ilusión del sueco Thomas Enqvist y en la semifinal eliminó al inglés Tim Henman.

La proeza no pasó desapercibida. Eduardo Frei, presidente de la nación sudamericana, lo recibió como un verdadero héroe. De hecho, lo instó pararse en el balcón del Palacio de la Moneda para que saludara a una multitud de 10 mil personas.

“No tenemos muchos deportistas en Chile, por lo que ser el número uno en tenis fue bastante grande”, expresó Ríos a ATPWorldTour.com, dos décadas después de aquella memorable jornada. “No era un gran deporte en ese momento allá”.

Ríos, quien causó un revuelo similar al que generó la visita del Papa Juan Pablo II (1987) en su natal Santiago con su gesta, puso a Chile en el firmamento universal del “deporte blanco” al mantenerse en sitial de honor durante cuatro semanas. Su logro, sin temor a equivocarse, permanecerá imborrable en el tiempo.

Por: Joseph Ñambre /@JosephSports27

Foto: Cortesía de t13.cl

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